El aire allí es diferente.
está erizado por una corriente
que procede
de cada mente.
El silencio
es allí diferente:
todo conocimiento
reunido
todo el amor
sin dueño,
casi todos
los momentos vividos
además, todos los sueños.
Y el sonido
es allí diferente,
hay que
aprender a oírlo:
una música
sin ningún instrumento,
algo que se
desliza entre las hojas,
las imágenes,
los párrafos, las palabras sin cuento.
Pero más
allá de la memoria y los signos que la imitan,
más alla del
espíritu que en ellos habita
y desdibuja
los contornos del tiempo,
la
biblioteca es el lugar que espera:
la espera de
que todo lo escrito
vuelva
nuevamente a escribirse,
vuelva de nuevo a vivirse.
Versión libre de Roberto Juarroz